.: bitácora de xmooth

27 mayo 2005

Espinosa hipocresía

Por lo general el estilo demasiado... err... ¿borde?... de Maruja Torres no me hace gracia. Pero en alguna ocasión, como en la de su columna ayer en El País, he de reconocer que ha dado en el clavo.

Ha tocado la última estúpida polémica provocada por las versiones reales de los guiñoles de Maragall y Rovira (porque, para qué engañarnos, los políticos imitan claramente a los muñecos de látex). Es cierto que lo que hicieron estos dos en su viaje por Tierra Santa (sic) fue una estupidez. ¿Pero acaso no lo harán todos los turistas al encontrarse en tenderetes las dichosas coronas de espinas y demás souvenirs religiosos? Si es que esto de la doble moral... En fin, que os dejo con las palabras de Maruja sobre el objeto en cuestión. Unas cuantas verdades:

Allí en Jerusalén las venden los cristianos a puñados, junto con cruces tamaño natural. Lo cual, en sí, es una bagatela: en comparación con Lourdes, donde hay botellas de plástico para agua bendita en forma de virgen, cuya cabeza se desenrosca; y en el Vaticano se venden felpudos para baño con la efigie de Juan Pablo II; y en Baalbek, los devotos chiíes proporcionan retratos tridimensionales del venerado Alí, maquillado y con una túnica como para salir en el Barcelona de Noche cantando La Bien Pagá.


Por cierto que la columna trata también el temita de los matrimonios homosexuales, pero como anteayer encontré en El País un escandaloso anuncio homófobo impropio de un periódico de izquierdas, ya lo comentaré en otro momento. La verdad es que fue como para mencionarlo.

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